Procesadores para Dispositivos Moviles
El acercamiento a los smartphones con el ánimo de tomar una decisión de compra que no se base únicamente en el precio, pasa por conocer cómo están construidos. Vistos desde fuera, todos los terminales son parecidos: tienen una pantalla, iconos en el escritorio, algunos teclado, funcionan con una batería… Pero hay otras características que no se ven tanto, y que empiezan a cobrar relevancia a medida que la tecnología progresa. Son las relacionadas con «las tripas» de los dispositivos móviles, sobre todo de los smartphones, pero también se aplica a las tabletas y por extensión a los Ultrabooks y portátiles.
En los primeros teléfonos inteligentes, ya fueran Android, Symbian, BlackBerry, Windows Mobile o iOS, el procesador o las tecnologías aceleradoras de gráficos empleadas en su construcción apenas sí suscitaban interés. La tecnología se ocultaba tras la mera funcionalidad. Además, la escasez de terminales, junto con la falta de información que se tenía de los primeros procesadores ARM y de los pocos fabricantes que los firmaban, contribuían a ocultar los detalles tecnológicos.

El interés por los procesadores en movilidad
A medida que el negocio de la movilidad ha ido cobrando forma y el ecosistema de aplicaciones y servicios creciendo, la tecnología va ofreciendo más y más posibilidades tanto para los desarrolladores de aplicaciones como para los de sistemas operativos. Un teléfono móvil no se aleja demasiado (conceptualmente hablando) de un portátil o de un ordenador. Funciona gracias a que hay un sistema operativo que se ejecuta sobre una plataforma de hardware compuesta por un procesador (CPU), un acelerador gráfico (GPU), memoria, comunicaciones, la pantalla y una interfaz con métodos para la entrada de datos mediante teclado o usando los dedos o la voz. Pero, a diferencia de los sistemas de sobremesa, donde muchos de estos componentes están perfectamente diferenciados, en los móviles lo que se hace es integrarlos todos en los SoC (System On a Chip).Al principio eran populares los feature phones, que no permitían la descarga de aplicaciones, sino que dependían de las que tuviera preinstaladas el propio sistema operativo cerrado,o de las que el fabricante incluyera con carácter excepcional posteriormente. Ya entonces se empezaba a hablar del procesador como elemento diferenciador, con ejemplos como el Samsung Jet. Con Apple, con el iPhone original, la llegada de su tienda de aplicaciones en 2008 y meses después la de Google, todo cambió: las aplicaciones precisaban de un buen hardware para funcionar, por supuesto. Su evolución ha atraído la atención de los principales fabricantes de procesadores; desde Intel hasta NVIDIA, pasando por Qualcomm, Samsung, Texas Instruments o Apple, entre otros.

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